Tekdle parece trivial y es pura teoría de juegos: eliges un número entre 1 y 10, y gana quien elija el número más bajo que nadie más eligió. La regla cabe en una frase; jugarlo bien exige adivinar qué piensa toda la mesa.
Tienes 10 segundos al empezar la ronda; elige un número del 1 al 10. Al acabar el tiempo, todas las elecciones se revelan a la vez. Los números elegidos por exactamente un jugador cuentan como únicos, y gana quien tenga el más bajo de esos. Si dos jugadores caen en el mismo número, ese número se quema y ninguno puede ganar con él.
Si todos los números chocan, nadie puntúa y la ronda se cierra sin ganador. En mesas llenas pasa más de lo que crees.
El ganador suma +1 punto por cada otro jugador de la mesa. En una sala de cinco, el ganador se lleva +4 y el resto 0. El premio crece con la mesa, pero también la probabilidad de colisión.
Elegir 1 es lo más tentador, y exactamente por eso lo más peligroso. Todos razonan igual, dos personas dicen 1 y ambas se queman. La elección óptima sube con el número de jugadores: en una mesa de tres el 1 aún es sensato; en una de ocho, la banda del 3-4 es más sólida.
La solución teórica es una estrategia mixta: asignar a cada número una probabilidad y elegir al azar. Nadie juega así en la práctica, y conocer la mesa vale más que memorizar la teoría.
En modo solo tres bots llenan la mesa. No eligen al azar: muestrean cerca del equilibrio teórico del juego, así que tienden a lo bajo sin amontonarse todos en el 1. Es una buena forma de practicar contra el equilibrio y ver en pocas rondas por qué el 1 es una trampa.
Con amigos juegas contra la psicología humana en vez de contra una distribución, y ahí el juego brilla.